lunes, 2 de febrero de 2015
CARLOS RAÚL, ELEVAR LA VOZ DE LA PROTESTA, NO ES EMPUÑAR LA LENGUA
Nuevamente escribo una respuesta a Carlos Raúl Hernández, esta vez se trata del artículo publicado el día de ayer en El Universal intitulado “Empuñar la Lengua”. Una de las razones por la que aun leo este periódico es por el reto que ha representado para mí la opinión de Carlos Raúl, que aunque no la comparto, guardó un profundo respeto por ella.
Aunque estoy en desventaja, él es ampliamente conocido, y sus artículos se publican en varios periódicos, así como en la web. Mientras, mis reflexiones las publico en mi blog, y son pocos quienes la leen. Espero que Carlos Raúl lea este artículo, y tenga la deferencia de difundirlo para equilibrar un poquito las cosas.
Voy a hacer a un lado las variopintas y “cultas ofensas” a quienes piensan distinto, a quienes han manifestado a viva voz que la protesta es el camino, y al hecho de que, como siempre, no menciona a nadie, supongo que pensará: ¡a quien le caiga le chupa!, que por cierto, es extraño para quien coloca el diálogo como la panacea de la crisis política, económica y social que vivimos. Crisis provocada ex profeso por el régimen.
Los lobos han significado mucho para la humanidad. Los hemos usado para darle cuerpo a la maldad humana. Carlos Raúl no escapa de esto, “cuando el adversario es un lobo rabioso, revolucionario y artillado, hay menos pérdida en hablar que caerse a mordiscos con él”. ¿Cómo quien compara al adversario con un lobo rabioso revolucionario y artillado puede siquiera pensar en hablar con él? ¿Cómo se dialoga con la maldad? ¿Qué hizo el cazador para salvar a Caperucita del lobo?, ¿habló con él?
Aunque aún no la he visto, The Grey (Un Día para Sobrevivir) narra la experiencia de un grupo de trabajadores petroleros, sobrevivientes de un accidente aéreo, acechados por una manada de lobos grises. Los lobos son animales muy inteligentes, organizados y pacientes en la cacería, y estrictamente apegados a la conducción del macho alfa, el líder. Creo que se los comen a casi todos, y la única opción del personaje principal es retar al líder de la manada. No sé cómo termina, pero seguro el tipo no le pidió que se sentara a su lado para “dialogar”. Agradezco a quien lea esto no me cuente el final de la película.
Efectivamente, el adversario es un lobo rabioso revolucionario y artillado, es el lobo rabioso de un régimen colectivista, que impondrá su modelo a sangre y fuego, sin importarles lo que piense u opine la mayoría. Proponer, desde la oposición que, “nadie debe cansarse de poner sobre la mesa la necesidad del diálogo y tener como bandera los principios democráticos, especialmente contra jaurías histéricas”, es un sin sentido, demuestra la pérdida humana del sentido común, y por tanto del instinto de supervivencia. Más temprano que tarde, el que se esconde, el que huye, el que pretende hablar con el lobo, termina siendo cazado.
Carlos Raúl afirma: “nadie quiere que chorree sangre, sangre de familiares y amigos”. En eso estamos de acuerdo, la mayoría del país también lo piensa, pero de allí a sentarse a esperar a que el régimen se siente a dialogar hay un largo trecho. Existe la protesta no violenta. Estoy convencido de que debemos organizarnos, como ciudadanos, para luchar contra el régimen.
Desde que Hugo Chávez salió de prisión, mostró su carácter agresivo y violento. Propio de los líderes colectivistas. Recuerdo que dijo que, iban a freír las cabezas de los adecos en aceite hirviendo. Es cierto que “fue el Galáctico quien estigmatizó el diálogo, cuando en la campaña electoral de 1998, ante una amable y tolerante invitación de Claudio Fermín, respondió con lo que ahora es el estilo nacional. "No tengo nada que dialogar con Uds. ladrones que han destruido a Venezuela", afirmación que compartió la mayoría del electorado”. Pero debemos recordar, que también lo invocó cuando se vio la soga al cuello. Utilizó el diálogo como un arma política de disuasión, para calmar los ánimos, y mostrarse como un demócrata ante los venezolanos y el mundo. Con ello, logró superar la adversidad, y sumió a la mayoría de la oposición en un letargo del que aún no despierta. Y ésta es la enseñanza del galáctico, bien aprendida por la MUD, el falso diálogo, el engaño que ello significa. Les hizo creer que con un régimen colectivista se puede dialogar, y lo más triste es que lo creen con fervor, al punto de son ellos quienes lo proponen. Pero también, el galáctico sembró el odio, la división, la lucha de clases. Son 16 años de odio, violencia y muerte. ¿Cómo juzgar a quienes muestran su odio como respuesta a ello?, ¿con qué derecho? Entiendo y respeto el desacuerdo con quienes muestren su odio al régimen, pero nada les otorga el derecho a juzgarlos, y a erigirse como los dueños absolutos de la verdad, hacerlo, los convierte en lo mismo que el galáctico. Creerse superiores, con un intelecto que nos rebasa, y desdeñar de todo el que piense distinto. Esos son los verdaderos hijos y herederos del galáctico. Afirmar que “para reinstalar la democracia, el diálogo no es una opción, sino la opción, independientemente de los resoplidos, graznidos o gruñidas que se profieran”, y luego, expresar respecto al embargo a Cuba que “fue el principal argumento para esparcir por el mundo la mentira que encubrió la miseria de los cubanos y distraer de la terrible realidad, universalmente demostrada, de que el colectivismo conduce a la desgracia, como vuelve a comprobar Venezuela”, es justo a lo que me refiero. Debemos resignarnos a la imposición de ese modelo, y esperar que algún día, el régimen nos atienda, y acepte la invitación que le hacemos a dialogar.
Pero la obsesión con el diálogo no es única, la otra es la obsesión electoral. Otra lección bien aprendida del galáctico, pensar que podemos ganar una elección, por demás, una ilusión. Ya tibi y su séquito deben estar trabajando en cómo ganar sin ganar. Y así será. Quizá por ello duda cuando dice que “si en las próximas elecciones parlamentarias nace la nueva mayoría que hay razones para esperar, vendrá una difícil etapa de negociaciones y diálogo para revertir el desastre de la revolución”.
El régimen ha implantado un Estado paralelo al que se describe en la Constitución nacional, y se hace cada vez más fuerte. A los colectivistas no les importa las mayorías, eso es para los demócratas. A ellos solo les interesa imponer sus ideas, bajo la premisa de que el pueblo no sabe lo que quiere y necesita, sólo ellos lo saben. Mientras desde la oposición piensan en diálogo, el régimen decreta el uso de armas por parte de la fuerza armada en las manifestaciones públicas, contraviniendo varios artículos de la Constitución, fortaleciendo el Estado paralelo, cada vez más parecido al régimen cubano. Mientras Carlos Raúl insiste en diálogo, el régimen expropia Farmatodo y detiene a su Junta Directiva, convirtiendo en delincuente a quien invierte en el país, al empresario, al emprendedor, a cualquiera que aspire tener un negocio y obtener beneficios económicos. Creer que somos afortunados porque “los jefes políticos de la Unidad, con sus errores y aciertos, demuestran que no están divirtiéndose como aficionados a la política en mensajes de 140, sino que han apostado sus existencias a mantener viva la posibilidad de cambio”, es todo lo contrario, ¡como tuitean! Practican con devoción la protesta virtual. Y no me refiero a Chuo, hombre de los barrios que espero no pague los platos rotos de la inacción, conformismo e ¿ingenuidad?, de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática.
El Estado paralelo del régimen ha llegado, a donde ha llegado, con la anuencia de la MUD y la mayoría de los partidos políticos que la componen. Al ritmo que vamos, si no reaccionamos con fuerza, más no con violencia, si no alzamos nuestra voz, estaremos prisioneros en nuestro país, y habremos perdido “la libertad, el don más preciado de los humanos”.
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