miércoles, 21 de enero de 2015

PAÍS RESIGNADO, PAÍS ENTREGADO

Ayer observando la cola en un supermercado, pude constatar la conformidad de la gente con la misma. Estaban hablando, riendo, compartiendo. No vi ni una cara de angustia. Si noté la cara de felicidad de las personas que salían con 2 kilos de leche entera. Todo normal, ya es normal. Eso mismo he notado en colas de otros supermercados. Ya aceptamos las colas, aceptamos el racionamiento. También aceptamos la arbitrariedad de un Estado represor. Les recuerdo que desde la misma oposición se responsabilizó a Leopoldo López por las muertes ocurridas en las protestas que se iniciaron en febrero de 2014. Aceptamos e internalizamos la inseguridad, y la carencia de medicinas. La conformidad se convirtió en resignación. Este país se resignó a ser gobernado de esta manera. Este país da por aceptado el régimen comunista que se pretende instaurar, y que definitivamente, lo hará. Quizá esto se explica porque nos acostumbramos a vivir el día a día, sin pensar en el futuro. Solo la resignación de un país puede mantener en el poder a un inepto como Nicolás Maduro. Y éste es la punta del iceberg, es solo una pieza más en un tablero de ajedrez donde todas las piezas son de un mismo color. Los partidos políticos no escapan a esta resignación. De hecho, ellos son los peores. Y han inyectado a sus seguidores de altas dosis de resignación, y al resto del país. Un especialista en esto es Henrique Capriles, que ahora sí llama a la protesta. Pero el mal está hecho, nadie le parará bolas, y anticipo que la marcha convocada para el sábado 24 será un fracaso. Aun no puedo digerir, cómo es que creen que ganarán una elección. Es un absurdo que amerita de un examen psiquiátrico, o quizá se trata de simple estupidez. Venezuela es un país resignado y entregado. Que se conforma con la protesta virtual, y cuando esta se prohíba, simplemente se aceptará. Solo los estudiantes y el pueblo tachirense escapan de esta realidad, o mejor dicho, del espejismo en que se encuentra atrapado el país, y que está condenado a vivir bajo la tutela implacable de un régimen totalitario-comunista. El país se encuentra a la expectativa de los anuncios que hará Nicolás hoy, sin darse cuenta que ya hizo los anuncios: profundizar la implantación del socialismo y dar la estocada final a la empresa privada. Desde hace más de seis meses se espera por estos anuncios, sin embargo, por alguna razón, no se han anunciado las medidas económicas que todos conocemos dictarán: mega-devaluación y aumento de la gasolina. A estas alturas, no creo que no se hayan tomado estas decisiones por miedo a que el pueblo se levante, cuando todo indica que no lo hará. Debe haber otras razones. Como nación no tenemos futuro, lo más triste es que estamos condenando a las próximas generaciones, a nuestros hijos. El sacrificio de los estudiantes, detenidos, heridos o muertos, será en vano. La resignación en la que estamos sumidos, puso en las manos del régimen, las armas para reprimir de la manera más brutal a esos muchachos. Los únicos que piensan en el futuro, su futuro y el de sus hijos. Ya se ve la luz al final del túnel, son las luces que alumbran una prisión para 30.000.000 de personas. Solo falta, cruzar el túnel, y quizá cuando intentemos devolvernos, no habrá oportunidad, porque esa enorme jaula a la que entramos estará cerrada.

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